¿Puede existir una tecnología tan increíblemente avanzada que su éxito dependa del azar? Sí, existe, son las conocidas cadenas de bloques, más comúnmente conocidas como blockchain. 

Este modelo permite procesar una enorme cantidad de información certificada cada instante. Se trata de un protocolo informático referido a un sistema de almacenamiento de información, seguro, anónimo, descentralizado y libre de falsificaciones. 

Su estructura está conformada por una cadena de bloques que contiene información, en donde cada elemento dispone de distintos tipos de información. 

¿Cómo está configurado cada uno de estos bloques? En primer lugar, dispone de información estructurada en campos cumplimentados por datos del tipo que corresponda. Además, está el denominado hash, o número único e irrepetible que identifica cada uno de los bloques y otro más que identifica el bloque que le precede, formando así el encadenado, o cadena, de bloques. 

Esta tecnología evita el hackeo gracias a su propia estructura. Esto es así, en parte por las características del hash que utiliza. Estos se generan según sea el tipo de contenido que contenga el bloque, por lo que un cambio en cualquiera de los datos del bloque, por minúsculo que este sea, hará que el hash también se modifique de manera automática; por así decirlo, el hash es la huella dactilar del bloque. Además, debemos tener en cuenta la disposición de la cadena, que atenderá a un orden determinado delimitado por las cabeceras del bloque que le precede. Por lo tanto, la regla que obligua a respetar ese orden está implícita en el propio concepto de la tecnología. 

Cada generador de bloques dispone de una copia de la base de datos, que es idéntica para todos. Si alguien decide realizar un cambio en el contenido de su cadena, su versión de la base de datos quedará anulada y su nodo quedará fuera de la red. Como las comunidades son enormes, una modificación discreta es inviable: siempre habrá alguien mirando, contrastando y verificando que los datos coinciden con los de su base de datos. De esta forma, se protege perfectamente la integridad de los bloques. Por lo tanto, Este almacenaje de la información cuenta con una gran cantidad de testigos, dificultando el falseamiento de la información. 

Además, la estructura del sistema hace que solo se pueda escribir un bloque a la vez, es decir, no puede haber escritura simultánea, de manera que se evitan las colisiones sin necesidad de que una entidad central distribuya el orden para la grabación de los datos. 

Blockchain utiliza el algoritmo SHA 256, una función tremendamente compleja y segura, implementada para que los nodos, denominados mineros, traten de resolver la denominada prueba de trabajo, esto es, una incógnita cuya resolución depende del cálculo sobre criptografía de clave pública y privada. Es un número que está relacionado con un determinado texto, si este varía, varía el número. Para conseguir descifrar este número, los mineros realizan millones de combinaciones gracias a la capacidad de cómputo de sus equipos 

La aparente simplicidad de esta tecnología, unido a su potencial, hace que el número de aplicaciones sea enorme. Ya se está utilizando en sanidad, en el Internet de las Cosas (IoT), en open data, en la trazabilidad de productos, en la certificación de documentos y, por su puesto, en la producción de criptomonedas. 

Un innovador modelo llamado a revolucionar los más diversos campos. ¡Imagínense! Una tecnología que posibilita la existencia de una única versión de la verdad.