Conocemos las ventajas que la tecnología blockchain aporta a la esfera privada, a las empresas y a los ciudadanos particulares, que aprovechan esta novedosa solución para realizar con seguridad muchas de las actividades que antes hacían de manera física. 

¿Pero, qué hay del ámbito público? ¿Cuáles son las aplicaciones basadas en las cadenas de bloques que más benefician a este sector?  

Como ya hemos señalado en otros posts relacionados con el blockchain, esta tecnología es clave en la transformación digital que estamos experimentado en la última década y que alcanza a un creciente número de ámbitos de actuación.  

Este sistema, que garantiza la inviolabilidad de las transacciones o su aplicación en el intercambio de todo tipo de documentos que requieran un tratamiento de seguridad exhaustivo, es también eje vertebrador en el impulso de las llamadas ciudades inteligentes, o Smart Cities. El papel que juega en el desempeño de la Administración Pública es vital. En este sentido, podemos referirnos a su importancia en el tratamiento de datos de carácter personal, que en estos nuevos modelos de convivencia humana constituyen un elemento común de la interacción entre ciudadanos, y de estos con otros dispositivos de carácter autónomo; así, millones de datos quedarían protegidos con este sistema que proporciona el acceso autentificado y la duplicidad de identidades. También tiene mucho que decir en los nuevos modelos de gobernanza que dirigen estas ciudades hiperconectadas, con decisiones consensuadas, o a propuesta de sus habitantes. Por ejemplo, los sistemas telemáticos de votación podrían convertirse en una realidad generalizada, dado que el uso de estas cadenas de bloques asegura el sistema, a la vez que permiten un modelo transparente, abierto y participativo. 

La estructura y el proceso inherente al blockchain hace que las relaciones entre la Administración y los ciudadanos se descentralicen, permitiendo una mayor transparencia al facilitar el acceso a archivos públicos de una manera cómoda y práctica, con una burocracia ágil y resolutiva. 

Pero, sin duda, una de las mayores ventajas reside en el intercambio de contratos digitales certificados entre personalidades físicas y jurídicas, entre el ciudadano y la administración. Los contratos inteligentes posibilitan la resolución de asuntos relativos al registro, pagos de tasas o impuestos, certificados municipales, sanitarios, y un largo etcétera. 

De la misma manera, minimiza los conflictos provocados por la interpretación y resolución de licitaciones de carácter público, asegurando la tramitación correcta de los pliegos y la veracidad, en tiempo y forma, de las concesiones. 

En realidad, los usos de esta tecnología parecen no tener fin. Cualquiera que sea el trámite que en la actualidad realizamos de manera física, podrá sustituirse por una gestión digital, más útil y más práctica. Y, en aquellos casos en que necesitemos asegurar la fiabilidad de nuestras diligencias, el blockchain siempre aportará el grado de seguridad necesaria. 

El tercer entorno, o entorno digital, proporciona soluciones tecnológicas pensadas para facilitar el día a día de las empresas, los ciudadanos y, también de la Administración.