Las tendencias en sistemas de seguridad indican que los dispositivos de identificación biométrica se están imponiendo poco a poco frente a otros métodos de autentificación, como puede ser la utilización de códigos personales o de dispositivos físicos, como tarjetas o pulseras magnéticas.

El reconocimiento de un usuario a través de una cualidad física supone un avance enorme en el ámbito de la seguridad informática. La principal característica es la imposibilidad de falsificar la identificación, ya que cada individuo es invariablemente distinto a cualquier otro y, por lo tanto, suplantarle con el fin de acceder a un servicio autentificado es prácticamente imposible. Además, cuenta con la ventaja de no tener que recordar contraseñas o códigos distintos, ya que siempre llevamos la “llave” con nosotros.

No obstante, como ya he visto en otros posts, este procedimiento tiene algunos inconvenientes, como puede ser la necesidad de contar físicamente con el usuario para poder hacer la verificación o, al menos, la utilización de algún dispositivo de lectura biométrica que posibilite esa identificación.

Tres son los elementos principales que intervienen en este tipo de procedimiento: por un lado, la inteligencia artificial posibilita el aprendizaje constante, de manera que el reconocimiento es cada vez más eficaz; otra de las tecnologías necesarias en el uso de aplicativos de reconocimiento biométrico es la del reconocimiento de formas, con el cálculo de miles de variables; junto a estas, la criptología permite cifrar adecuadamente los patrones de registro, como pueden ser el de la retina ocular o el de una huella dactilar, y almacenarlos en una base de datos.

Al igual que en nuestro día a día reconocemos a nuestros interlocutores, los dispositivos biométricos imitan el comportamiento humano, pero desde el lado de la máquina, que será la que interprete los rasgos, el tono de voz o las características físicas más reseñables.

La tecnología permite que los tipos de reconocimiento biométrico sean prácticamente infinitos. Así, podemos encontrarnos con modelos de patrón: que registran e interpretan movimientos corporales, como puede ser la manera de teclear, caminar o gesticular. También pueden estar basados en características físicas, como la citada huella dactilar, el color y tono de la piel o el timbre de nuestra voz o incluso nuestro olor corporal.

La elección del dispositivo de registro biométrico dependerá de diversas características, dado que cada uno de ellos tiene sus ventajas, pero también una serie de inconvenientes que pueden interferir en el resultado del registro. Así, podemos encontrarnos que, en el reconocimiento por voz, el usuario esté resfriado, tenga ronquera o se encuentre en un contexto ruidoso, que imposibilite una interpretación clara del registro. En el caso de las huellas dactilares, que puede ser uno de los métodos más fiables, también puede haber elementos que interfieran en el reconocimiento, como suciedad o heridas cutáneas, momentáneas o permanentes.

En este proceso, también hay que tener en cuenta el índice de precisión de estos dispositivos, tanto del hardware utilizado, que debe tener unos sensores de alta capacidad, como el software implementado para la interpretación de los registros. Así, este proceso estará condicionado por la tasa de falso rechazo y falsa aceptación, que no es otra cosa que el porcentaje de errores que pueda cometer el sistema, permitiendo accesos ilegítimos o denegando a usuarios legítimos.