Vivimos en la era digital. Y, como es lógico, se están comenzando a integrar soluciones digitales en recursos humanos; los sistemas organizativos de las empresas deben renovarse o morir. La digitalización ya no es una opción y numerosas empresas e instituciones han abandonado las grandes pilas de papeles. Se trata de una evolución lógica.

Una firma electrónica, como concepto jurídico, es equivalente a una firma manuscrita. Esto nos abre un horizonte de posibilidades muy amplio; tanto en las opciones de negocio de esta tecnología, como en lo referido a la transformación de los procesos de contratación y en la relación entre empresas y clientes, incluso dentro de las propias empresas.

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